Qué es la neuroeducación y cómo ayuda al aprendizaje

La neuroeducación nos ayuda a entender cómo aprende el cerebro y qué estrategias pueden favorecer la atención, la memoria, la motivación y el aprendizaje.

¿Alguna vez te has preguntado por qué algunas personas aprenden mejor cuando practican, otras cuando explican en voz alta y otras cuando relacionan lo que estudian con experiencias de su vida?

Y déjame decirte que esto no ocurre por casualidad. Aprender no depende solo de sentarse frente a un libro, leer muchas veces o memorizar información para un examen. También influye la manera en que funciona el cerebro, la atención que ponemos, cómo nos sentimos, cómo descansamos y qué tan activo es nuestro proceso de aprendizaje.

Aquí es donde entra la neuroeducación.

La neuroeducación busca unir los conocimientos de la neurociencia, la psicología y la educación para comprender mejor cómo aprendemos. Su objetivo no es complicar el estudio, sino ayudarnos a enseñar y aprender de una forma más consciente, más humana y más efectiva.

En este artículo veremos qué es la neuroeducación, para qué sirve, qué estudia, cómo ayuda al aprendizaje y qué estrategias podemos aplicar en la escuela, la universidad o la vida diaria para aprender mejor.

Qué es la neuroeducación

La neuroeducación es un enfoque que estudia cómo funciona el cerebro durante el aprendizaje y cómo ese conocimiento puede aplicarse a la educación.

En palabras sencillas, la neuroeducación intenta explicar cómo aprendemos, por qué recordamos algunas cosas con más facilidad, qué papel tienen las emociones al estudiar y qué condiciones ayudan al cerebro a comprender mejor la información.

Este enfoque une tres áreas importantes: la neurociencia, la psicología y la educación.

La neurociencia ayuda a comprender el funcionamiento del cerebro. La psicología explica procesos como la memoria, la atención, la motivación y las emociones. Y la educación busca aplicar esos conocimientos para mejorar la enseñanza y el aprendizaje.

Por eso, la neuroeducación no se trata solo de hablar del cerebro. Se trata de entender qué necesita el cerebro para aprender mejor.

Cuando conocemos cómo aprende nuestra mente, podemos dejar de estudiar de forma automática y empezar a crear estrategias más útiles, realistas y adaptadas a nuestras necesidades.

Para qué sirve la neuroeducación

La neuroeducación sirve para comprender mejor cómo aprendemos y cómo podemos mejorar los procesos de enseñanza y estudio.

Muchas veces pensamos que aprender depende únicamente de leer más, repetir más o estudiar durante muchas horas. Sin embargo, el cerebro no funciona de una manera tan simple. Podemos pasar mucho tiempo frente a un libro y aun así olvidar rápido si no prestamos atención, si estamos agotados, si no comprendemos o si no practicamos.

La neuroeducación nos ayuda a identificar qué condiciones favorecen el aprendizaje. Entre ellas están la atención, la emoción, la repetición, el descanso, la práctica, la motivación y la conexión con conocimientos previos.

También sirve para que docentes, estudiantes, padres y profesionales de la educación puedan entender que cada persona aprende a su propio ritmo. No todos tienen la misma forma de procesar la información, ni la misma experiencia, ni el mismo estado emocional.

Por eso, la neuroeducación puede ayudar a crear métodos de enseñanza más humanos, estrategias de estudio más efectivas y ambientes de aprendizaje más saludables.

En la vida diaria, también nos sirve para ser más conscientes de nuestros hábitos. Nos permite entender por qué estudiar con sueño, ansiedad o distracciones puede afectar tanto la concentración y la memoria.

Qué estudia la neuroeducación

La neuroeducación estudia cómo aprende el cerebro y qué factores influyen en ese proceso.

Entre los temas más importantes que analiza están la atención, la memoria, las emociones, la motivación, el sueño, el estrés, la curiosidad, la práctica y la forma en que el cerebro crea conexiones neuronales.

Por ejemplo, estudia por qué la atención es tan importante para que una información llegue a la memoria. También analiza por qué las emociones pueden facilitar o bloquear el aprendizaje, y por qué el descanso ayuda a consolidar lo aprendido.

Además, la neuroeducación se interesa por entender cómo se puede enseñar mejor. No busca reemplazar la experiencia del docente, sino ofrecer una base más clara sobre lo que necesita el cerebro para aprender.

Esto es importante porque muchas dificultades de aprendizaje no siempre tienen que ver con falta de capacidad. A veces el problema está en la forma de estudiar, en el ambiente, en la falta de motivación, en el cansancio o en el exceso de estrés.

La neuroeducación nos ayuda a mirar el aprendizaje de una manera más completa.

Cómo ayuda la neuroeducación al aprendizaje

La neuroeducación ayuda al aprendizaje porque nos permite estudiar y enseñar de una forma más alineada con el funcionamiento del cerebro.

En lugar de aprender solo por repetición mecánica, nos invita a usar estrategias más activas. Por ejemplo, hacer preguntas, explicar con nuestras propias palabras, relacionar lo nuevo con lo que ya sabemos y practicar en diferentes momentos.

También nos recuerda que la atención es limitada. No podemos mantener el mismo nivel de concentración durante horas sin descanso. Por eso, estudiar en bloques de tiempo y hacer pausas puede ser más útil que pasar largas horas leyendo sin parar.

Otro aporte importante es que nos ayuda a comprender el papel de la emoción. Cuando una persona se siente segura, motivada o curiosa, suele involucrarse más en el aprendizaje. Pero si estudia con miedo, ansiedad o presión excesiva, puede bloquearse o recordar menos.

La neuroeducación también nos enseña que el aprendizaje necesita tiempo. El cerebro fortalece conexiones cuando repetimos, practicamos y usamos la información. Por eso, aprender mejor no siempre significa estudiar más, sino estudiar con más intención.

Cómo aprende el cerebro según la neuroeducación

El cerebro aprende cuando recibe información, la procesa, la relaciona con lo que ya sabe y logra conservarla para usarla después.

Pero para que esto ocurra, no basta con escuchar o leer. El cerebro necesita participar activamente.

Cuando aprendemos algo nuevo, se activan redes neuronales. Las neuronas se comunican entre sí y forman conexiones que permiten procesar y almacenar la información. Si repetimos, practicamos o usamos esa información, esas conexiones pueden fortalecerse.

Este proceso se relaciona con la neuroplasticidad cerebral, porque el cerebro puede cambiar, adaptarse y fortalecer conexiones a partir de la experiencia y la práctica.

Por eso, aprender no es solo guardar datos en la mente. Aprender implica transformar el cerebro poco a poco.

La neuroeducación también explica que el cerebro aprende mejor cuando la información tiene sentido. Si un contenido parece aislado, aburrido o sin relación con la vida diaria, puede ser más difícil recordarlo. En cambio, cuando una idea se conecta con una experiencia, una emoción, una pregunta o un ejemplo claro, el aprendizaje se vuelve más profundo.

Por eso, una de las claves de la neuroeducación es enseñar y estudiar de una manera que conecte con la atención, la curiosidad y la comprensión.

Neuroeducación y aprendizaje: por qué están tan relacionados

La neuroeducación y el aprendizaje están profundamente relacionados porque todo aprendizaje ocurre en el cerebro.

Cuando aprendemos, usamos la atención para enfocarnos, la memoria para conservar información, las emociones para darle significado a la experiencia y la motivación para mantenernos involucrados.

Por eso, no podemos hablar de aprendizaje sin hablar también del cerebro.

La neuroeducación nos ayuda a comprender que aprender no es un acto pasivo. No basta con recibir información. Para que el aprendizaje sea más duradero, necesitamos procesar, relacionar, practicar y recuperar lo aprendido.

Por ejemplo, una persona puede leer un tema varias veces y sentir que lo entiende, pero si luego no puede explicarlo con sus propias palabras, es posible que el aprendizaje todavía sea superficial.

En cambio, cuando responde preguntas, hace ejemplos, practica o enseña el tema a otra persona, el cerebro trabaja de forma más activa. Ese esfuerzo fortalece la memoria y mejora la comprensión.

Por eso, la neuroeducación busca que el aprendizaje sea más significativo y menos mecánico.

Neuroeducación, memoria y atención

La memoria y la atención son dos procesos fundamentales para aprender.

La atención funciona como una puerta de entrada. Para que una información llegue a la memoria, primero necesita recibir nuestra atención. Si estudiamos distraídos, cansados o con muchas interrupciones, el cerebro tiene más dificultad para procesar bien lo que estamos aprendiendo. Por eso, aprender cómo mejorar la concentración al estudiar puede ayudarnos a crear mejores condiciones para comprender y recordar con más claridad.

La memoria, por su parte, permite conservar esa información y recuperarla después. No podemos decir que aprendimos algo de forma duradera si luego no podemos recordarlo, explicarlo o aplicarlo.

Por eso, la relación entre memoria y aprendizaje es tan importante, ya que aprender no solo implica recibir información, sino también poder conservarla y usarla cuando la necesitamos.

La neuroeducación presta mucha atención a estos procesos porque nos ayudan a entender por qué algunas estrategias funcionan mejor que otras.

Por ejemplo, la repetición espaciada puede ayudar a fortalecer la memoria porque distribuye el repaso en diferentes momentos. La recuperación activa también es útil porque obliga al cerebro a recordar la información sin depender siempre de los apuntes.

Esto demuestra que aprender mejor no significa estudiar de forma más pesada, sino usar estrategias que ayuden al cerebro a concentrarse, recordar y comprender con más claridad.

Neuroeducación y emociones en el aprendizaje

Las emociones influyen mucho en la forma en que aprendemos.

Cuando una persona se siente segura, motivada o curiosa, suele prestar más atención y recordar mejor. Pero cuando estudia con miedo, ansiedad o presión excesiva, el aprendizaje puede verse afectado.

Esto sucede porque el cerebro no separa completamente la emoción del aprendizaje. Lo que sentimos influye en cómo procesamos la información.

Por ejemplo, un estudiante que se siente constantemente juzgado puede bloquearse aunque tenga capacidad. En cambio, cuando se siente acompañado y comprende que equivocarse forma parte del proceso, puede aprender con más confianza.

La neuroeducación no dice que todo debe ser fácil o divertido todo el tiempo. Aprender también requiere esfuerzo. Pero ese esfuerzo debe darse en un ambiente donde la persona pueda pensar, equivocarse, practicar y mejorar sin sentir que el error la define.

Por eso, las emociones no son un detalle secundario. Son parte del aprendizaje.

Neuroeducación y motivación para aprender

La motivación ayuda a que el aprendizaje tenga más sentido.

Cuando sabemos para qué estamos aprendiendo algo, es más fácil involucrarnos. En cambio, cuando estudiamos solo por obligación, sin propósito o sin conexión con nuestra vida, el contenido puede sentirse pesado.

La neuroeducación reconoce que el cerebro aprende mejor cuando existe interés, curiosidad o significado.

Esto no quiere decir que siempre vamos a tener ganas de estudiar. La motivación no aparece todos los días. Pero sí podemos crear condiciones que la favorezcan.

Por ejemplo, podemos relacionar un tema con una meta personal, buscar ejemplos prácticos, dividir una tarea grande en partes pequeñas o celebrar pequeños avances.

También entran en juego las funciones ejecutivas, porque para aprender necesitamos planificar, organizar el tiempo, controlar distracciones y mantener la atención en una tarea.

A veces la motivación aparece después de empezar, no antes. Por eso, una estrategia útil es reducir la dificultad del inicio. En lugar de pensar “tengo que estudiar todo este tema”, podemos empezar con una parte pequeña y manejable.

Cuando el cerebro percibe que una tarea es posible, es más fácil comenzar.

Neuroeducación en el aula

La neuroeducación en el aula puede ayudar a crear clases más participativas, humanas y efectivas.

Un docente que conoce cómo aprende el cerebro puede organizar mejor sus explicaciones, usar ejemplos, hacer preguntas, permitir pausas, favorecer la participación y tomar en cuenta las emociones del estudiante.

También puede comprender que no todos los alumnos aprenden al mismo ritmo. Algunos necesitan más práctica, otros necesitan más ejemplos y otros requieren apoyo para organizarse mejor.

La neuroeducación no reemplaza la labor del maestro. Al contrario, puede fortalecerla.

Permite enseñar con más conciencia, entendiendo que detrás de cada estudiante hay una mente que necesita atención, motivación, seguridad y oportunidades para practicar.

En el aula, la neuroeducación puede aplicarse con estrategias sencillas como variar las actividades, conectar los temas con la vida diaria, usar preguntas, fomentar la participación y crear un ambiente donde el error se vea como parte del proceso.

Neuroeducación infantil: cómo ayuda a los niños

La neuroeducación infantil se enfoca en comprender cómo aprenden los niños y qué condiciones favorecen su desarrollo.

Durante la infancia, el cerebro se encuentra en una etapa de gran plasticidad. Esto significa que las experiencias, los vínculos, el juego, el lenguaje, el ambiente y la estimulación adecuada pueden influir mucho en el aprendizaje.

En los niños, aprender no ocurre solo cuando están sentados escuchando una explicación. También aprenden jugando, explorando, preguntando, imitando, moviéndose y relacionándose con otras personas.

Por eso, la neuroeducación infantil valora mucho el juego, la emoción, la curiosidad y la seguridad afectiva.

Un niño que se siente seguro puede explorar más. Un niño que se siente escuchado puede participar mejor. Y un niño que aprende con ejemplos, movimiento y experiencias significativas puede comprender con más facilidad.

Esto no significa que los niños no necesiten límites o estructura. Sí la necesitan. Pero esa estructura debe ir acompañada de afecto, paciencia y estrategias acordes a su etapa de desarrollo.

La neuroeducación infantil nos recuerda que el aprendizaje en los niños no debe separarse de sus emociones, su curiosidad y su necesidad de sentirse seguros.

Ejemplos de neuroeducación en la vida diaria

La neuroeducación no se queda solo en la teoría. Podemos verla en muchas situaciones cotidianas.

Un ejemplo es estudiar en bloques de tiempo en lugar de intentar aprender todo de golpe. Esta estrategia respeta mejor la capacidad limitada de atención del cerebro.

Otro ejemplo es explicar un tema con nuestras propias palabras. Cuando hacemos esto, no solo repetimos información, sino que la organizamos y comprobamos si realmente la entendimos.

También es un ejemplo relacionar un concepto nuevo con algo que ya conocemos. Si estudiamos memoria de trabajo y la relacionamos con recordar un número mientras lo escribimos, el aprendizaje se vuelve más claro.

Otro ejemplo sencillo es dormir bien antes de un examen. Muchas personas creen que dormir menos les da más tiempo para estudiar, pero el sueño ayuda a consolidar parte de lo aprendido.

También aplicamos neuroeducación cuando reducimos distracciones, hacemos pausas, usamos ejemplos prácticos, practicamos después de estudiar o cuidamos el estado emocional antes de aprender.

En pocas palabras, cada vez que adaptamos el estudio a la forma en que funciona el cerebro, estamos aplicando principios de neuroeducación.

Estrategias de neuroeducación para aprender mejor    

La neuroeducación no solo sirve para explicar cómo aprende el cerebro. También nos ayuda a aplicar estrategias concretas.

Estas estrategias pueden usarse en la escuela, la universidad, el trabajo o cualquier proceso de aprendizaje.

Estudiar de forma activa

Una de las ideas más importantes de la neuroeducación es que el cerebro aprende mejor cuando participa activamente.

Leer puede ser útil, pero no siempre es suficiente. Para aprender mejor, necesitamos hacer algo con la información.

Podemos hacer preguntas, resumir, explicar, practicar, comparar ideas o buscar ejemplos.

Por ejemplo, después de leer un apartado, podemos cerrar el material y preguntarnos:

  • ¿Qué entendí?
  • ¿Cuáles son las ideas principales?
  • ¿Cómo puedo explicar esto con mis propias palabras?
  • ¿Qué ejemplo puedo usar?

Este tipo de estudio ayuda más que leer muchas veces sin procesar.

Relacionar lo nuevo con lo que ya sabemos

El cerebro aprende mejor cuando conecta información nueva con conocimientos previos.

Si una idea nueva se relaciona con algo que ya conocemos, es más fácil entenderla y recordarla.

Por ejemplo, si estudiamos el concepto de memoria de trabajo, podemos relacionarlo con una situación cotidiana: recordar una dirección mientras la escribimos o seguir instrucciones mientras hacemos una tarea.

Esa conexión hace que el aprendizaje sea más claro y significativo.

Por eso, una buena estrategia es preguntarnos: “¿con qué puedo relacionar esto?”.

Usar ejemplos de la vida diaria

Los ejemplos ayudan a que el cerebro comprenda mejor.

Una definición puede ser útil, pero un ejemplo la vuelve más cercana. Cuando llevamos un concepto a una situación real, la información deja de sentirse abstracta.

Esto es muy importante en educación, porque muchas veces los estudiantes no aprenden un tema porque sea imposible, sino porque no logran ver para qué sirve.

La neuroeducación propone que el aprendizaje tenga sentido. Y una forma de lograrlo es conectar la teoría con la vida diaria.

Hacer pausas durante el estudio

El descanso también forma parte del aprendizaje.

El cerebro no mantiene la atención de forma ilimitada. Después de cierto tiempo, la concentración disminuye y estudiar puede volverse menos efectivo.

Por eso, hacer pausas cortas puede ayudar a recuperar energía mental.

Una pausa no tiene que ser larga. Puede ser levantarse, respirar, tomar agua, estirarse o caminar unos minutos.

Lo importante es no llenar cada descanso con más estímulos, como redes sociales o notificaciones, porque eso puede saturar más la mente.

Descansar bien ayuda a volver al estudio con más claridad.

Dormir bien para consolidar lo aprendido

El sueño tiene un papel fundamental en la memoria y el aprendizaje.

Mientras dormimos, el cerebro organiza parte de la información recibida durante el día y fortalece aprendizajes importantes.

Por eso, estudiar hasta muy tarde y dormir poco puede ser contraproducente. A veces sentimos que estamos ganando tiempo, pero en realidad podemos estar afectando la capacidad del cerebro para concentrarse y recordar.

Dormir bien no es una pérdida de tiempo. Es una parte necesaria del proceso de aprender.

La neuroeducación nos ayuda a entender que el descanso no está separado del estudio. También forma parte de una buena rutina de aprendizaje.

Reducir el estrés excesivo

Un nivel moderado de activación puede ayudarnos a estar atentos, pero el estrés excesivo puede dificultar el aprendizaje.

Cuando estamos muy preocupados, ansiosos o saturados, el cerebro puede mantenerse en estado de alerta. En ese estado, es más difícil concentrarse, comprender y recordar.

Por eso, antes de estudiar puede ayudar respirar profundo, organizar las tareas, dividir el contenido y empezar por una parte pequeña.

No siempre podemos eliminar el estrés por completo, pero sí podemos reducir algunas condiciones que lo aumentan.

La neuroeducación nos recuerda que cuidar el estado emocional también es cuidar el aprendizaje.

Diferencia entre neuroeducación y técnicas de estudio

La neuroeducación y las técnicas de estudio están relacionadas, pero no son exactamente lo mismo.

Las técnicas de estudio son herramientas concretas que usamos para aprender mejor. Por ejemplo, hacer resúmenes, mapas mentales, preguntas, repasos o ejercicios.

La neuroeducación, en cambio, busca comprender por qué ciertas estrategias funcionan mejor según el cerebro.

Por ejemplo, la repetición espaciada es una técnica de estudio. La neuroeducación ayuda a explicar por qué distribuir los repasos en el tiempo favorece la memoria.

La recuperación activa también es una técnica. La neuroeducación ayuda a entender por qué intentar recordar fortalece el aprendizaje más que solo releer.

En pocas palabras, las técnicas de estudio son el “qué hacer”, y la neuroeducación ayuda a entender el “por qué funciona”.

Errores comunes sobre la neuroeducación

Aunque la neuroeducación es muy valiosa, también es importante evitar algunas confusiones.

Uno de los errores más comunes es pensar que existe una fórmula mágica para aprender. La neuroeducación no ofrece soluciones instantáneas. Ofrece principios que pueden ayudar, pero cada persona y cada contexto son diferentes.

Otro error es creer que solo usamos una parte del cerebro para aprender. En realidad, el aprendizaje involucra redes y procesos complejos que trabajan juntos.

También se suele pensar que basta con conocer el cerebro para enseñar bien. Pero no es así. La neuroeducación debe ir acompañada de buena pedagogía, experiencia docente, comprensión emocional y estrategias adecuadas.

Otro error frecuente es usar frases llamativas sobre el cerebro sin base suficiente. Por eso, es importante hablar de neuroeducación con responsabilidad y evitar simplificaciones excesivas.

La neuroeducación puede ser muy útil, pero debe aplicarse con sentido crítico.

Francisco Mora y la neuroeducación

Francisco Mora es uno de los autores más conocidos cuando se habla de neuroeducación en el mundo hispanohablante.

Una de sus ideas más citadas es que la emoción tiene un papel importante en el aprendizaje. Esto conecta con una idea central de la neuroeducación: no aprendemos solo con la razón, también influyen la curiosidad, el interés, la motivación y el estado emocional.

Mora ha ayudado a popularizar la importancia de mirar la educación desde el conocimiento del cerebro, pero sin olvidar que aprender sigue siendo una experiencia humana.

Por eso, al hablar de neuroeducación, no se trata solo de mencionar áreas cerebrales o procesos neuronales. También se trata de comprender al estudiante como una persona que siente, se motiva, se frustra, se cansa, se equivoca y aprende a partir de sus experiencias.

Cómo aplicar la neuroeducación al estudiar

Aplicar la neuroeducación al estudio no significa hacer algo complicado.

De hecho, muchos hábitos de estudio basados en el cerebro se apoyan en ideas sencillas como estudiar en bloques, hacer pausas, reducir distracciones y practicar de forma activa.

Podemos empezar con acciones sencillas:

  • Estudiar en bloques de tiempo.
  • Hacer pausas breves.
  • Explicar el tema con nuestras propias palabras.
  • Relacionar lo nuevo con lo que ya sabemos.
  • Dormir bien.
  • Reducir distracciones.
  • Usar ejemplos.
  • Repasar en diferentes momentos.
  • Practicar en lugar de solo leer.
  • Cuidar el estado emocional antes de estudiar.

Lo más importante es dejar de estudiar de forma pasiva.

Cuando el cerebro participa, compara, recuerda, organiza y aplica, el aprendizaje se vuelve más fuerte.

Por eso, la neuroeducación nos invita a estudiar con más intención. No se trata de pasar más horas frente al material, sino de aprender de una manera que el cerebro pueda aprovechar mejor.

Preguntas frecuentes sobre neuroeducación

¿Qué es la neuroeducación?

La neuroeducación es un enfoque que une conocimientos de la neurociencia, la psicología y la educación para comprender cómo aprende el cerebro y cómo mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

¿Para qué sirve la neuroeducación?

Sirve para entender qué condiciones favorecen el aprendizaje, como la atención, la memoria, la emoción, el descanso, la repetición y la práctica activa.

¿Qué estudia la neuroeducación?

Estudia cómo aprende el cerebro y qué factores influyen en el aprendizaje, como la atención, la memoria, las emociones, la motivación, el sueño, el estrés y la práctica.

¿Cómo ayuda la neuroeducación al aprendizaje?

Ayuda a crear mejores estrategias para estudiar y enseñar, tomando en cuenta cómo el cerebro procesa, recuerda y aplica la información.

¿Qué es la neuroeducación infantil?

La neuroeducación infantil estudia cómo aprenden los niños y cómo el juego, la emoción, la seguridad, el lenguaje, el movimiento y la curiosidad influyen en su desarrollo y aprendizaje.

¿Cómo aplicar la neuroeducación en el aula?

Se puede aplicar usando ejemplos, preguntas, pausas, actividades activas, participación, ambientes seguros y estrategias que conecten el contenido con la vida diaria.

¿La neuroeducación solo sirve para niños?

No. La neuroeducación puede aplicarse en niños, adolescentes y adultos, porque el aprendizaje ocurre durante toda la vida.

¿Quién es Francisco Mora en la neuroeducación?

Francisco Mora es un autor reconocido en el área de la neuroeducación, especialmente por destacar la relación entre emoción, curiosidad y aprendizaje.

Conclusión

La neuroeducación nos ayuda a comprender que aprender no es solo leer, memorizar o repetir información. Aprender implica atención, emoción, memoria, práctica, descanso y sentido.

Cuando entendemos cómo funciona el cerebro, podemos estudiar y enseñar de una manera más consciente. Podemos dejar de pensar que aprender depende solo de la cantidad de horas y empezar a enfocarnos en la calidad del proceso.

La neuroeducación no ofrece fórmulas mágicas, pero sí nos da una mirada más clara sobre lo que el cerebro necesita para aprender mejor.

Nos recuerda que el aprendizaje es humano. No ocurre separado de nuestras emociones, nuestro descanso, nuestra motivación ni nuestras experiencias.

Por eso, aplicar la neuroeducación en la vida diaria puede ayudarnos a estudiar mejor, recordar con más claridad y desarrollar una relación más sana con el aprendizaje.

Referencias
  • Mora, F. (2017). Neuroeducación: solo se puede aprender aquello que se ama. Alianza Editorial.
  • Tokuhama-Espinosa, T. (2011). Mind, Brain, and Education Science. W. W. Norton & Company.
  • Jensen, E. (2008). Brain-Based Learning: The New Paradigm of Teaching. Corwin Press.
  • Immordino-Yang, M. H. (2016). Emotions, Learning, and the Brain. W. W. Norton & Company.
  • OECD. (2007). Understanding the Brain: The Birth of a Learning Science. OECD Publishing.

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